Dejaba
Tom atrás un día más, su jornada de trabajo, era hora de vaciar su cabeza de
números préstamos y balances que a menudo resolvía con aquella profesionalidad,
la misma que le ha llevado a ostentar el cargo de director, a sus cincuenta y
dos años, en la entidad financiera que trabaja. Dentro de su ordenada vida,
solo había algo más importante que su trabajo para él, su familia. Para Tom el
amor a su mujer y el cariño y adoración hacia
su hija, era lo que le motivaba a superarse cada día. De raíces conservadoras
con una educación y conducta intachable, él se considera participe y piedra
angular dentro del seno familiar, felizmente casado con Susan, una mujer de su
tiempo, culta pero tradicional y familiar como Tom, y a la que conoció en un
club de poesía de la Universidad. Ella estaba muy enamorada, cuando él le pidió
la mano. Su hija Laura una niña que cuando contaba meses, ellos decidieron
adoptar, tres años después de casarse, pues Susan no pudo darle hijos a él.
Niña a la cual educaron en valores, lista muy familiar y cariñosa con ellos
dos, a los que ha querido siempre con locura, y es por ella, que sus padres dan
gracias a Dios todos los días. Hoy día cuenta ya sus 20 años y es toda una
preciosa chica rubia de ojos azul cielo, cuya figura recuerda a una sirena,
coqueta y pero muy responsable y madura.
Precisamente
a su hija Laura no podía quitársela de
la cabeza Tom. Pues la última noche antes de acostarse, ella se acercó a él,
sin que su madre la viera, pues ya había subido a su habitación a
descansar. Cuando su padre se disponía a
irse también a su habitación a dormir.
Se acercó a él, y sus palabras exactas fueron “Papa Tenemos que hablar,
tengo algo importante que confesarte, ya no como hija, sino como mujer
enamorada”. Eso y que llevaba bastantes
semanas muy rara con él, evitándole y comportándose de manera muy extraña le
desconcertaba un poco.
El
regresaba camino a su casa, como era habitual en él, escuchando aquella emisora
de la iglesia metodista local. Entrando en su barrio residencial de clase media
alta, a las afueras de la ciudad, conduciendo su flamante y cuidado coche
y como siempre deseando verlas a ellas, y poner la guinda a su jornada diaria.
Una vez aparcado, Tom se dirigió como cada día hacia la puerta de entrada de la
casa, que él suele llamar hogar familiar, una bonita casa victoriana con jardín
y nada desmerecedora, de la que Tom hace gala. Mientras él estaba frente a la
puerta dando vueltas a ese manojo de llaves en su mano, oyó voces dentro de la
casa que procedían de la cocina, y en las que creyó distinguir su nombre. Entonces
se detuvo, miro hacia allí, y se acercó a la ventana con sigilo, su
curiosidad le podía. Tom que se agazapo con sumo cuidado. La ventana estaba
medio abierta y entre la franja de las cortinas, logro tener una visión
que le permitió distinguir bien, las dos mujeres más importantes de su
vida, su mujer Susan y su hija Laura. Ellas conversaban pero no precisamente
con gran armonía, ya que el tono de voz y sus caras delataban que algo no iba
bien. Su mujer con bastante preocupación y su hija alterada. Percatado el por
la situación, no hizo otra cosa que concentrarse en escuchar todo lo que ellas
estaban hablando. Necesitaba saber que pasaba allí. Ahora le empezaba a morder
la curiosidad y cada vez más. De muevo Tom pudo escuchar como ahora su
mujer le nombraba, pero esta vez ya con más claridad.
—¡Tom!,
¿Tu padre? —Pregunto Susan—. ¡Por dios no lo digas ni en broma!.
—Si
mama el mismo —dijo Laura convencida, mientras apenas miraba a su madre.
—Pero
has perdido la cabeza, ni se te ocurra? —dijo su madre muy alterada—. Por favor
mírame a la cara, dime que esto no es verdad.
—Si
mama además llevo mucho más tiempo enamorada, del que imaginas.
Casi
atónito quedo Tom después de aquello, ya no había marcha atrás, pues sabía que
nada bueno se avecinaba. No pudo resistir la tentación de seguir con mucha
atención lo que ellas dos se decían. Él perplejo,
permaneció sin apartar la mirada, atento pero oculto, con las manos apoyadas en
el borde de la ventana y con cuidado, porque no quería ser descubierto en
semejante tesitura. Ellas seguían en una conversación que empezaba a ponerse
cada vez más tensa, Tom no perdía detalle, ya no vigilaba si algún vecino
pudiera estar viéndole, solo escuchaba con atención.
—¿Qué
te pasa?, hija tu juventud te está confundiendo. —Susan no dejaba de mirar a su
hija entre incredulidad y unas pequeñas lágrimas.
—Sé
que solo tengo veinte años, pero me considero toda una mujer para saber cuáles
son mis sentimientos.
—eres
consciente de que serán muchos años de desvergüenza, tú eres una chica normal,
así que ¡compórtate como tal!. ¿Qué van a pensar de ti? ¡Cómo nos va a
mirar todo el mundo!
—No
me importa lo que pueda pensar nadie. —Ella tomo una postura valiente.
Su
madre comprendió que esto iba muy en serio, y a Susan le superaba.
—
Hija no quiero saber más, no digas nada —reprocho su madre—. ¡Que hemos hecho
mal, dios mío!
—Esperaba
tu apoyo mama, no esto.
—¡No
estas preparadas para algo así!
—Sabes
que creo, ¿Qué estas celosa de mí?
—¿Celosa?
¡No sabes lo que dices!. —Grito Susan
—Estoy
preparada y con ganas de afrontarlo, tú ya tuviste tu oportunidad, no fuiste
capaz de hacer feliz a Papa, y por eso ahora no me dejas hacer mi vida—.
Contestaba Laura a su madre.
—¡Esto
es completamente distinto, lo único que no pude es darle hijos, pero él me
quería de verdad, ¡todo era perfecto!, no vayas a compararlo con algo así.
Entre
tanto Tom en el otro lado de la ventana, estupefacto se alejó despacio, sus
oídos le retumbaban con lo que había escuchado, casi en estado de shock, su
cara desencajada lo decía todo. Volvió al coche y se sentó allí,
recuperando el pulso y la respiración pensando sobre todo aquello. Todo su
universo de realidad se desplomaba ante sus ojos. El entendió casi literalmente
lo que desde aquella cocina se decía, y no es persona de darle las vueltas y
retorcer lo retorcido. No se sentía preparado para aquello. Tom se miraba en el
espejo retrovisor derrotado anímicamente. Mientras tanto apoyaba sus manos en
el volante que agarraba con fuerza.
Susan
se había rendido, tenía miedo de que su marido se enterara de aquello, y sabía
que ya no podía disuadir a Laura.
—Mama!
Hay más —Laura le Mostraba un sobre que llevaba consigo.
—¿Qué
es eso?
—Es
la prueba —mientras se acercaba para entregarlo a su madre.
—¡No
quiero ver nada!
—Al
menos léelo mama.
—Ya
he tenido suficiente ¿no crees? ¡ya no quiero saber nada más!—decía Susan con
una mezcla de lamento pena he indignación.
—Es
una prueba de amor y aquí se encuentra un parte de mí y mis sentimientos, así
que no tengo inconveniente en leerla cuando llegue papa, estoy muy enamorada eso
importa y él tiene que saberlo —. Insistió Laura.
Su
madre, se dejó casi caer sobre aquella mesa entre llantos, postrada allí y
con la mirada perdida, con una mezcla de decepción y miedo por todo aquello que
se le venía encima. Laura entonces callo y tomo una postura valiente, esperando
a su padre, dispuesta a llegar al final y dar la cara, confesar por defender
sus sentimientos y su futuro.
Tom
pasó más de veinte minutos metido en su automóvil, refugiándose allí, como un
cobarde. Pero ahora ya más tranquilo, comenzó a darle vueltas a lo que escucho
por esa ventana, porque razón su hija podía tener los sentimientos
confundidos hacia él. Se sentía culpable, pensó que quizás peco en exceso de
cariño o demasiado proteccionista con ella. Un sinfín de cosas que no paraban
de dar vueltas en su cabeza, “quizás la naturaleza pueda más que la razón” se
preguntaba Tom una y otra vez. ¿Qué le podía el decir?, era la primera vez que
Tom debía afrontar un asunto familiar de semejantes proporciones. Por vez
primera discernía sobre si tenía algo que ver, que su hija no llevara su
sangre.
Empezó
a vislumbrar que algo así solo puede ocurrir en tales circunstancias. Sus
arraigadas doctrinas morales y su postura ambigua le cegaban, para ver lo que
pasaba. Un miedo en su cuerpo yacía cuando pensaba en lo que su hija le iba a
contar, por momentos pensó en salir corriendo y huir de todo aquel desconcierto.
Tom decidió que era hora de afrontarlo, se bajó del coche en un impulso, y se
dispuso a abrir la puerta de la casa, iba con la lección aprendida, pensó que
debía sacarle esas idioteces a Laura, debía ser tajante con ella, y no dejar la
más minina duda.
Con
decisión abrió Tom la puerta, y exclamo en voz alta ¡ya estoy en casa!,
como si nada supiera. Entonces ambas se pararon.
—¡Tom
estoy en la cocina! —Exclamo Susan—. ¡Ven date prisa, debes saber algo!.
—Hola
cariño —dijo Tom mientras se acercaba y besaba a su mujer.— ¿Qué pasa y esa
cara?.—dijo Tom preocupado.
—Tu
hija tiene algo que contarte —dijo Susan, Mientras Laura saludaba a su padre,
pero la cara de ella, era, de no pasa nada.
—Hola
Papa
—¡Laura!
¿Cómo estás? ¿Os pasa algo? —Volvió a Decir Tom, con un gesto de sorpresa
fingida.
—Papa
hay algo muy importante que debes saber, —contesto Laura mientras se acercaba a
su padre y con aquel sobre en la mano—.
Tom
no tenía fuerzas para volver a escuchar aquello de los labios de su hija,
pensó que mejor no seguir negando lo que ya sabía, así que decidió,
adelantarse a ella, dejo de fingir.
—Laura,
déjame a mi hablar, ya está bien por hoy de esta falsa —contesto su padre, mientras
la miraba con un gesto más serio—. Antes de que digas algo, debo decirte que lo
sé todo.
—¿Cómo?
—Os
he podido escuchar hablando desde el otro lado de la ventana, sé que está mal,
pero no he podido evitarlo.
—Papa,¿Qué
has escuchado?—pregunto mientras le miraba a los ojos.
—Si
lo sé todo.
—Entonces,
¿y qué piensas Papa? ¡Dime!
—Laura,
¿pero cómo puedes ser tan cínica?, ¡cómo te atreves a tratar esto como si fuera
algo normal!
—¿Pensaba
que tu si?… —se quedó atónita, sin decir nada más dejo el sobre encima de la
mesa, y salido rápido de la cocina hacia su habitación muy afectada.
—¡A
dónde vas Laura vuelve aquí! —exclamo Tom.
—¿Vas
a dejar que se marche así? —dijo su mujer.
—Déjala
Susan.
Tom,
cogió aquel sobre y comenzó a leer para ver de qué se trataba, no
dejaba lugar a dudas, en aquel se podía leer, prueba de embarazo de la Srta.
Laura. Entonces él con cara de sorpresa exclamo, ¡por el amor de dios! En ese
momento, su mujer se acercó a él.
—Tom
¿qué es lo que te sorprende tanto? —pregunto ella viendo que él no mediaba
palabra alguna—. ¡Habla¡
—¡No
te das cuenta! —Exclamó Tom —¡Esto es una prueba de embarazo de Laura!
—¡Si
claro!, es la prueba que quería que viésemos.
—Pero
esto significa entonces que…. —dijo Tom mientras abría ese sobre con una cara
que empezaba a tornar a un gesto alegre. Ahora miraba hacia arriba, como dando
las gracias a dios.
—¡Qué
te pasa! ¿Qué hace tan feliz? —Reprochaba Laura, que no acaba de entender
nada—. Tom, es todo cierto, creo que deberíamos hacer algo, no podemos dejar
que ella continúe con esto.
Tom
saco del sobre la prueba de embarazo de su hija, y junto a ésta, se encontraba una
foto de un chico, de buena apariencia física, pero que ellos jamás habían visto
ni conocían. Laura se acercó y le dijo a Tom.
—Ves
aún tiene el descaro de dejarnos una foto del cómplice, por no llamarle otra
cosa, ¿cómo ha podido hacernos esto?, y con alguien que no ha pisado esta casa,
sin casarse aún, y de casi tres meses, solo dios sabe de dónde viene ese chico
—decía Susan a Tom alterada y con ánimo de atormentarlo—. ¿Pero que te pasa
Tom?, ¿acaso no ves lo que ocurre?, nuestra hija quiere tener un bebe de un
desconocido.
—¡Susan!,
—exclamó Tom con cara de satisfacción—. Antes de entrar por esa puerta, pensé
que mi hija se había vuelto loca, y había perdido toda razón. Que mi vida y la
de mi familia se desmoronaban. No sé cómo he podido dudar de ella. He entrado
aquí y la he juzgado sin motivos, más que llevado por una sospecha totalmente
infundada, producto de mis miedos. ¿Te das cuenta?, ¡todo estaba en mi cabeza!
ni siquiera la he dejado que se explicara, he sido un estúpido. Susan te lo
digo de corazón, ¡no hay nada que temer!, ¡Que Digo! hoy es un día importante y
feliz para para todos, ¡nuestra niña va a ser mama! —Exclamaba Tom con un
rostro de alegría—. Va a traer al mundo a una criatura, Susan, algo que nosotros
no pudimos vivir cariño. He de decirte que es la sorpresa más grande que
me he llevado, ¡Abre una botella ahora mismo! —Susan se quedó con la boca
abierta, observando a Tom, pero sin moverse de su sitio. — ¡qué maravilla!
—Exclamo el de nuevo, mientras besaba en la mejilla a Susan.
Susan
se dispuso a hacer todo lo que él le pidió. Mientras perpleja, reflexionaba
sobre la postura de su marido, se dejó llevar por la emoción y la
seguridad de Tom, y comenzó a ver las cosas de otra manera. Ahora se alegraba
de que él apoyara a Laura. Susan dejo entonces que sus verdaderos sentimientos
afloraran y se abrieran paso, a través de esas estúpidas convicciones
conservadoras y sin sentido que en parte habían sido siempre alimentadas por el
propio Tom. En estas circunstancias Pensó Susan, es donde una madre tiene
la oportunidad de demostrar, que quiere
verdaderamente a su hija.
—Tom
yo también estoy de su lado—. Dijo Susan ahora convencida de estaban haciendo
lo correcto.
—¡Susan!
a Laura voy a darle ahora mismo un abrazo, ¡y que demonios! quiero
conocer al padre, quien es ese hombre que le he robado el corazón a mi niña, y
el responsable de que vayamos a ser abuelos.
